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Cuidados invernales del lauroceraso

Daria · 24.06.2025.

Aunque el lauroceraso es un arbusto de hoja perenne valorado por su robustez y su capacidad para soportar el frío, proporcionarle ciertos cuidados específicos durante el invierno es clave para asegurar que supere la estación más dura en óptimas condiciones. El invierno presenta varios desafíos para las plantas perennes, como la deshidratación por el viento, los daños por heladas severas y el peso de la nieve. Una preparación adecuada en otoño y unas sencillas labores de mantenimiento durante los meses fríos no solo protegerán la planta de posibles daños, sino que también garantizarán que llegue a la primavera con la fuerza necesaria para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento vigoroso y saludable. Descuidar estos cuidados puede resultar en un follaje quemado, ramas rotas y una planta debilitada y más susceptible a problemas en la siguiente temporada.

El principal desafío para una planta de hoja perenne como el lauroceraso durante el invierno no es solo el frío, sino la combinación de suelo helado y vientos secos. A diferencia de las plantas de hoja caduca, el lauroceraso mantiene su follaje, el cual continúa perdiendo agua por transpiración, aunque a un ritmo mucho menor. Si el suelo está congelado, las raíces son incapaces de absorber el agua necesaria para reponer la que se pierde, lo que provoca un fenómeno conocido como desecación invernal o «quemadura por frío». Esto se manifiesta como un amarronamiento o quemadura de los bordes y puntas de las hojas, especialmente en el lado más expuesto al viento.

Otro riesgo importante son las heladas tardías de primavera o las heladas tempranas de otoño. Si la planta ha sido fertilizada con nitrógeno a finales de verano, puede producir nuevos brotes que no tendrán tiempo de endurecerse («lignificarse») antes de la llegada del frío. Este crecimiento tierno es extremadamente vulnerable a las bajas temperaturas y se quemará con facilidad ante la primera helada fuerte, dejando las puntas de las ramas negras y secas. Por ello, la gestión de la fertilización en otoño es un aspecto crucial de la preparación invernal.

Finalmente, el peso de la nieve y el hielo puede causar daños mecánicos significativos, especialmente en setos y plantas con una estructura densa. La acumulación excesiva de nieve puede doblar e incluso quebrar las ramas, deformando la estructura de la planta y creando heridas que pueden ser una puerta de entrada para enfermedades. Actuar con prontitud después de una nevada intensa es una medida de protección sencilla pero muy efectiva para prevenir este tipo de daños estructurales y mantener la integridad de nuestros laurocerasos durante todo el invierno.

Preparación de la planta en otoño

La preparación para el invierno comienza mucho antes de la primera helada, durante los meses de otoño. Una de las medidas más importantes es ajustar el patrón de riego. A medida que las temperaturas bajan y el crecimiento de la planta se ralentiza, sus necesidades de agua disminuyen. Es crucial reducir gradualmente la frecuencia de los riegos para evitar que el suelo llegue al invierno excesivamente húmedo. Un suelo encharcado en combinación con heladas puede causar graves daños a las raíces, ya que el agua al congelarse se expande y puede romper los tejidos radiculares.

Justo antes de que el suelo se congele por completo, es muy beneficioso realizar un último riego profundo. Esto asegura que la planta entre en el período de heladas con una buena reserva de humedad en el perfil del suelo, lo que ayudará a mitigar el riesgo de desecación invernal. Este riego es especialmente importante en otoño secos, donde la planta podría llegar al invierno con un déficit hídrico. Una vez realizado este riego, el siguiente no será necesario hasta que el suelo se deshiele y las condiciones lo requieran.

La fertilización es otro aspecto clave de la preparación otoñal. Como se mencionó anteriormente, se debe evitar a toda costa el uso de fertilizantes ricos en nitrógeno a partir de finales del verano. En su lugar, si el suelo es pobre o la planta ha mostrado signos de debilidad, se puede aplicar un fertilizante bajo en nitrógeno y alto en potasio. El potasio ayuda a la planta a fortalecer sus tejidos celulares y aumenta su resistencia a las bajas temperaturas, un proceso conocido como «endurecimiento» o aclimatación al frío.

Finalmente, una buena limpieza de la base de la planta es una práctica muy recomendable. Retira las hojas caídas, frutos y cualquier otro resto orgánico que se haya acumulado alrededor del tronco. Esta materia en descomposición puede albergar esporas de hongos y huevos de plagas que pasarían el invierno allí, listos para atacar la planta en la primavera siguiente. Mantener la zona limpia reduce la presión de enfermedades y plagas para la nueva temporada de crecimiento.

Protección contra heladas y vientos

La protección más eficaz para las raíces del lauroceraso durante el invierno es la aplicación de una gruesa capa de mantillo o «mulch». Después del último riego profundo de otoño y antes de las primeras heladas fuertes, extiende una capa de 5 a 10 centímetros de material orgánico como corteza de pino, paja, hojas secas trituradas o compost maduro alrededor de la base de la planta. Este acolchado actúa como un aislante térmico, ayudando a moderar las fluctuaciones de temperatura del suelo y protegiendo las raíces más superficiales de los efectos de la congelación y descongelación repetida. Asegúrate de no amontonar el mantillo directamente contra el tronco para evitar problemas de pudrición.

Para los ejemplares jóvenes, recién plantados o aquellos situados en zonas especialmente expuestas a vientos fríos y desecantes, puede ser necesario proporcionar una protección adicional al follaje. Se pueden instalar barreras cortavientos temporales utilizando arpillera, mallas de sombreo o geotextiles clavados en estacas en el lado de los vientos dominantes. Este tipo de protección reduce la velocidad del viento que impacta sobre las hojas, disminuyendo así la tasa de transpiración y el riesgo de quemaduras por frío.

En regiones con inviernos extremadamente severos, se puede optar por envolver completamente los arbustos más pequeños y vulnerables. Para ello, clava varias estacas alrededor de la planta y envuelve la estructura con arpillera o tela geotextil, dejando la parte superior ligeramente abierta para permitir cierta ventilación. Es importante que el material protector no esté en contacto directo con el follaje, ya que la humedad que se pueda acumular en la tela podría congelarse y dañar las hojas. Nunca utilices plástico para envolver las plantas, ya que no permite la transpiración y puede causar un efecto invernadero en los días soleados, seguido de una caída brusca de temperatura por la noche.

Para los laurocerasos cultivados en macetas, la protección es aún más crucial, ya que sus raíces están mucho más expuestas a las bajas temperaturas que las de las plantas en el suelo. La mejor opción es trasladar las macetas a un lugar resguardado, como un porche cubierto, un garaje sin calefacción o junto a una pared protegida de la casa. Si no es posible moverlas, se puede aislar la maceta envolviéndola con plástico de burbujas, arpillera o tela gruesa. También es útil agrupar varias macetas para que se den calor mutuamente y se protejan del viento.

Riego durante los meses de invierno

Aunque el crecimiento del lauroceraso se detiene prácticamente durante el invierno, sus procesos vitales no cesan por completo, y la transpiración, aunque reducida, continúa. Por esta razón, la planta sigue necesitando agua, y la desecación es un riesgo real, especialmente en inviernos secos y ventosos. Por lo tanto, es un error pensar que las plantas de hoja perenne no necesitan ser regadas en absoluto durante el invierno. La clave está en saber cuándo y cómo hacerlo para que sea beneficioso y no perjudicial.

El riego invernal solo debe realizarse cuando sea estrictamente necesario. Esto ocurre durante períodos prolongados sin precipitaciones (nieve o lluvia) en los que el suelo no está congelado. Un buen indicador es comprobar la humedad del suelo a unos centímetros de profundidad en un día suave. Si la tierra está seca, es el momento de proporcionar un riego ligero. La frecuencia puede variar desde una vez al mes hasta no ser necesario en absoluto, dependiendo completamente del clima de tu zona.

El mejor momento del día para regar en invierno es a media mañana en un día soleado y con temperaturas por encima de cero. Esto da tiempo a que el agua se infiltre en el suelo antes de que las temperaturas vuelvan a bajar por la noche, reduciendo el riesgo de que el agua se congele en la superficie y forme una capa de hielo que podría dañar el cuello de la planta. Evita regar al atardecer, ya que la humedad persistente durante la noche fría puede favorecer problemas fúngicos.

Para las plantas en maceta, el control del riego en invierno es aún más delicado. El sustrato de las macetas se seca más rápido que el suelo del jardín, pero también es más propenso a la congelación si está demasiado húmedo. Comprueba la humedad del sustrato regularmente y riega solo cuando los primeros centímetros estén secos al tacto. Riega lo suficiente para humedecer el cepellón, pero sin que el agua se acumule en el plato inferior, para evitar que las raíces permanezcan encharcadas y se congelen.

Manejo de la nieve y el hielo

Las nevadas intensas, especialmente si la nieve es húmeda y pesada, pueden suponer una carga excesiva para las ramas del lauroceraso. La acumulación de peso puede doblar las ramas hasta el punto de deformarlas permanentemente o, en el peor de los casos, provocar su rotura. Esto es particularmente problemático en los setos formales y en las variedades de crecimiento más columnar. Por ello, es muy recomendable actuar después de cada nevada importante para aliviar esta carga.

Para retirar la nieve, utiliza una escoba o un cepillo de cerdas suaves y realiza un movimiento ascendente y suave para levantar las ramas y dejar que la nieve caiga. Evita sacudir las ramas con violencia o golpearlas, ya que cuando están frías son más frágiles y quebradizas, y podrías causar más daño del que intentas prevenir. Es importante realizar esta tarea lo antes posible después de la nevada, antes de que la nieve se derrita parcialmente y se vuelva a congelar, formando una capa de hielo mucho más pesada y difícil de quitar.

Si una tormenta de hielo cubre las ramas con una capa de hielo, la situación es más delicada. En este caso, lo mejor es no intervenir. Intentar quitar el hielo a la fuerza casi con toda seguridad provocará la rotura de las ramas. Las ramas del lauroceraso tienen cierta flexibilidad, y es preferible esperar a que el hielo se derrita de forma natural con la subida de las temperaturas. Aunque la planta pueda parecer muy dañada, a menudo la recuperación es sorprendentemente buena.

Una vez que la primavera llegue y el riesgo de nieve y heladas haya pasado, realiza una inspección exhaustiva de la planta para evaluar los daños. Poda todas las ramas que se hayan roto o que estén claramente muertas o dañadas por el frío. Realiza los cortes justo por encima de una yema sana o de una ramificación lateral para estimular un nuevo crecimiento. Esta poda de saneamiento no solo mejora la apariencia de la planta, sino que también previene la entrada de enfermedades a través de las heridas.

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